Fuente: Infobae.
A raíz de la pandemia de COVID-19, Internet en Argentina impulsó el ascenso del populista de ultraderecha Javier Milei. La postura antisistema del outsider político resonó en una población hastiada de crisis económicas. Sin embargo, su falta de experiencia política plantea dudas sobre su posible impacto en los procesos democráticos. El ascenso de Milei refleja una tendencia más amplia de disrupción populista en el panorama político del país.
En las fases iniciales de la pandemia de COVID-19, en 2020, el Presidente Alberto Fernández respondió rápidamente al virus imponiendo un riguroso bloqueo nacional el 20 de marzo. Las estrictas medidas abarcaban el cierre de negocios no esenciales, escuelas y espacios públicos, junto con severas limitaciones a la circulación. Se aplicaron amplias restricciones a los viajes, tanto nacionales como internacionales.
Mientras los gobiernos de todo el mundo aplicaban medidas para frenar la pandemia, la juventud mundial se enfrentaba al aislamiento, buscando consuelo en reinos virtuales. Las redes sociales se convirtieron en un salvavidas que fomentó la conexión, la solidaridad y el apoyo durante el distanciamiento físico forzoso. Sin embargo, en septiembre de 2020 se produjo un punto de inflexión con el documental “El dilema social”. Antiguos trabajadores de Silicon Valley dieron la voz de alarma sobre la evolución de las redes sociales hacia un terreno fértil para la radicalización política, estableciendo paralelismos entre el radicalización de los jóvenes en Occidente y el ISIS tácticas de captación, sobre todo en plataformas como Facebook.
Argentina no estuvo aislada de este fenómeno: el proceso de radicalización política en el país se tradujo de otra manera. Los algoritmos de las redes sociales desempeñaron un papel importante a la hora de amplificar las noticias falsas y el descontento con las políticas sanitarias, lo que dio lugar a movilizaciones en lugares clave de las ciudades argentinas. Las quejas se dirigían contra las cuarentenas impuestas, los obstáculos al empleo, la vacunación obligatoria y un sentimiento más amplio de descontento dirigido contra el Estado y sus políticas.
Toda esta rabia y disgusto con el statu quo fue canalizada y encarnada por un economista de casi 50 años y outsider político llamado Javier Milei. A través de audaces afirmaciones realizadas durante sus apariciones en tertulias políticas y entrevistas en medios de comunicación convencionales (difundidas posteriormente en plataformas como TikTok), criticó con vehemencia las condiciones económicas imperantes y las restricciones sanitarias.
En 2021, se presentó como candidato a diputado por la Ciudad de Buenos Aires; era la primera vez que participaba en unas elecciones. Durante su primer debate, se mostró audazmente escéptico sobre el cambio climático y expresó sus reservas sobre la eficacia de la vacuna COVID-19. Sin embargo, su vehemente acusación contra el poder político caló hondo en el electorado. Según él , los gobernantes explotan el aparato estatal en beneficio propio y son indiferentes al sufrimiento de la población. Esta narrativa, impregnada de un fervor populista, caló hondo entre los ciudadanos, que en ese momento tenían un sentimiento predominante de desilusión con el Estado y sus políticas durante la pandemia.
Milei y la marea populista
La retórica política del presidente libertario inaugural pretendía hacer frente a la ira y la frustración latentes en una sociedad desgastada por las persistentes crisis económicas y la inestabilidad. Con una tasa de inflación prevista del 150% para 2023 y el 40% de la población viviendo en la pobreza, la idea de desmantelar todo el sistema político y económico empezó a parecer bastante racional a una población que luchaba contra la incapacidad de vislumbrar un futuro esperanzador.
El recién elegido presidente argentino ha utilizado un discurso de corte populista para conectar con la ira de las masas. Según el politólogo y experto en populismo Steven Levitsky, tres características fundamentales pueden ayudar a identificar el populismo. Una de ellas, ejemplificada por Milei al blandir una motosierra o al referirse a la “casta política parasitaria, corrupta e inútil”, consiste en emplear un discurso antisistema y comprometerse a desmantelar el sistema político existente.
En segundo lugar, el populismo encuentra líderes entre personas que carecen de amplia experiencia en política y administración pública. Esta deficiencia -una característica, más que un defecto, cuando los votantes consideran a los políticos “parásitos”- es evidente en el caso de Milei, que fue diputado durante cuatro años sin presentar ningún proyecto o iniciativa destacable. Esto supone un riesgo importante para las instituciones democráticas, ya que los líderes populistas suelen carecer de la capacidad de negociación y de los conocimientos institucionales cruciales para un compromiso político y una reforma eficaces. Esta preocupación es especialmente pronunciada cuando el candidato, como Milei, se compromete a alterar radicalmente el statu quo, lo que puede obstaculizar el proceso de colaboración y diplomacia esencial para un cambio político sostenible.
La tercera y última característica de los líderes populistas es su tendencia a dirigirse a sus seguidores como “el pueblo”, al tiempo que se posicionan como los auténticos representantes de las masas. Al utilizar esta herramienta retórica, populistas como Javier Milei afirman su papel como verdaderos representantes de la mayoría, contrastando su visión del “pueblo” con la de sus enemigos percibidos, a menudo tachándolos de oponentes políticos falsos o ilegítimos. En particular, los llamamientos de Milei a favor de las reformas llevan implícita la afirmación de que redundan en interés de los ciudadanos. “todos los argentinos decentes”. Esta retórica implica una división tajante, sugiriendo que quienes no se alinean con sus puntos de vista son considerados “indecentes” y posicionados como adversarios que trabajan contra el bienestar de la mayoría.
Al analizar el ascenso de Milei al poder a través de la lente de estas características populistas, se obtiene una comprensión más profunda de la dinámica que da forma a la política argentina contemporánea. La fusión de la retórica antisistema, la falta de experiencia política y el retrato de un líder que actúa como representante del pueblo y guía de las masas contra los enemigos de su bienestar contribuyen al atractivo populista que ha impulsado a Milei a una posición destacada dentro del panorama político.
Este enfoque populista más amplio también nos ayuda a entender por qué figuras como los expresidentes Jair Bolsonaro, de Brasil, y Donald Trump, de Estados Unidos, han expresado simpatía por la agenda libertaria en la arena argentina. La aparición del nuevo líder populista ha revitalizado la alt-right internacional, proporcionándole un impulso renovado tras los reveses electorales sufridos en Estados Unidos y Brasil. Esto ha abierto nuevas posibilidades para la agenda de la alt-right en las Américas.
Aunque hay similitudes en enfoques y agendas, Milei difiere significativamente de Bolsonaro y Trump. Bolsonaro, con una carrera política, no ignoró las habilidades de negociación necesarias para implementar reformas a pesar de su liderazgo asertivo. En el caso de Trump, independientemente de su falta de experiencia política, el Partido Republicano sirvió de freno a las ideas radicales del líder populista, conteniendo sus excesos. Un caso ilustrativo se produjo cuando el ex vicepresidente Mike Pence se negó a interrumpir la certificación de las elecciones de 2020, ignorando las quejas de Trump sobre el supuesto amaño electoral.
Levitsky advirtió contra este tipo concreto de liderazgo, subrayando que sirve de catalizador para las crisis institucionales. Mientras que algunos líderes exhiben dos de las tres características definitorias -un punto ejemplificado por figuras como Trump y Bolsonaro-, el peligro se intensifica cuando estos líderes poseen los tres rasgos, pasando así a una manifestación completa del populismo definida como “full blown”. Esta manifestación supone una importante amenaza, que arrastra a la democracia cerca del precipicio del autoritarismo.
Un comienzo radical
En los días posteriores a las elecciones, Milei dio muestras de cierta moderación y apertura al recibir a miembros de la administración del ex Presidente Mauricio Macri. El ex presidente apoyó a Milei en la elección final contra Sergio Massa, y prevaleció la sensación de que Macri pretendía “infiltrarse” en el partido libertario, al que caracterizó como “un grupo inmaduro y fácilmente infiltrable.”
En este sentido, Macri buscó impulsar la designación del diputado Cristian Ritondo como presidente de la Cámara de Diputados. Ritondo, ex jefe de bancada en el Congreso por el partido PRO de Mauricio Macri, surgió como el candidato preferido para este crucial cargo. También se sospecha que el ex presidente respaldó a Patricia Bullrich, su ex ministra de Seguridad, como figura clave en la nueva administración de Milei. Bullrich, que había sido la tercera candidata a la presidencia en la administración de Macri pero no pasó a la ronda final, se encontró con un papel destacado dentro del equipo de Milei.
Sin embargo, todos estos proyectos duraron poco, ya que la inclusión de partidarios de Macri en algunas áreas fue en contra de los deseos del presidente electo, dejando al descubierto las tensiones subyacentes. La esperanza de Cristian Ritondo de llegar a la Presidencia del Poder Legislativo se extinguió rápidamente con el nombramiento de un acérrimo libertario para el cargo de presidente. Más tarde esa semana, en un Tweet, Macri también reveló que el nombramiento de la Sra. Bullrich en el Ministerio de Seguridad se hizo en respuesta a un pedido personal del presidente y no como resultado de un respaldo defendido por su lado.
La inclusión de más miembros del anterior gobierno de Macri en la nueva administración de Milei podría haber servido para atemperar los posibles excesos que las administraciones populistas pueden exhibir ocasionalmente. Este movimiento estratégico podría haber presentado una oportunidad para un nivel de control, similar a los casos en los que el Partido Republicano en Estados Unidos logró moderar algunos aspectos de las políticas de Trump.
A medida que transcurrían los días previos a la investidura presidencial, la radicalización de la fuerza política emergente parecía intensificarse. Adhiriéndose al primer principio del populismo de Steven Levitsky, el nuevo presidente libertario dio un paso simbólico contra las instituciones democráticas. En lugar de dirigirse al Legislativo en su toma de posesión, optó por pronunciar su discurso ante las masas congregadas fuera del Congreso. Esta elección, manifestación pública de su desdén por el establishment político, constituyó una maniobra populista clásica, emblemática de su intención de distinguirse de las normas políticas tradicionales.
La lista de invitados a su toma de posesión no indicaba ninguna intención de promover la moderación ni el pragmatismo ideológico. A pesar de los sólidos lazos comerciales con Brasil, la decisión de invitar a Jair Bolsonaro como huésped de honor provocó una gran agitación en el gobierno brasileño, lo que provocó la abstención del principal socio comercial de Argentina. Además, figuras controvertidas, como el húngaro Viktor Orbánconocido por sus ataques recurrentes a las instituciones democráticasEl hecho de que el nuevo líder de la OTAN se haya convertido en el primer presidente de la UE, ha levantado aún más las cejas y ha añadido un elemento de preocupación en cuanto a la trayectoria de su postura política.
Conclusión
Las ambiciosas medidas de austeridad económica prometidas por el nuevo presidente parecen inverosímiles en un país donde el 40% de la población vive en la pobreza. La historia reciente de América Latina pone de manifiesto las dificultades que afrontan los outsiders políticos en contextos económicos precarios. El presidente chileno Gabriel Boric, el colombiano Gustavo Petro e incluso Bolsonaro enfrentaron niveles sustanciales de impopularidad, dificultando la perspectiva de reelección.
Sin embargo, el libertario presidente argentino no parece encarnar la experiencia outsider más “estable”. Milei parece mirarse en el peligroso espejo de Perú, donde el ex Presidente Pedro Castillo mantuvo una postura de confrontación con el Congreso, que provocó una abrupta caída de su Gobierno. Cabe destacar que incluso Castillo se abstuvo de cuestionar directamente los pilares fundacionales del sistema económico, una desviación de las promesas de Milei.
En toda América, las instituciones democráticas se enfrentan a un asalto global a la democracia, con Brasil y Estados Unidos como principales campos de batalla. Hoy, la democracia argentina parece estar sucumbiendo a este desafío más amplio. A medida que evoluciona el panorama político, los ecos de estas dinámicas regionales ponen de relieve el delicado equilibrio entre abordar los problemas económicos y preservar los cimientos de la gobernanza democrática.
Tobías Belgrano es licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Católica Argentina y máster en Asuntos de Gobierno por la Universidad de Buenos Aires. Con seis años de experiencia en la administración pública, está especializado en el tratamiento de la inestabilidad política y la integración social de los barrios marginales de Buenos Aires. Como consultor político independiente, asesora a medios de comunicación de todo el mundo y proporciona información de vanguardia a los responsables de la toma de decisiones estratégicas.
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