El imperio autoflagelante contraataca

Ya es hora de sacudirse del letargo y ponerse de pie para defender los incuestionables éxitos del modelo chileno.

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En las ocho semanas que han transcurrido desde que se iniciaron las protestas y los saqueos el 18 de octubre, el discurso autoflagelante ha logrado una hegemonía sin precedentes en el debate público. Si bien los autoflagelantes han venido predicando su discurso del fracaso del modelo por más de 20 años, ahora aparecen más convencidos que nunca que Chile ha avanzado por el camino equivocado desde el retorno de la democracia.

Afortunadamente, la evidencia es más que concluyente respecto al innegable progreso del país en crecimiento y desarrollo, en reducción de la pobreza e incluso en ampliación de oportunidades, inclusión y reducción de la desigualdad. Los logros obtenidos son razón para que todos nos sintamos orgullosos y son la causa de que ahora podamos preocuparnos de prioridades propias de países desarrollados más que de los problemas que afligen a la mayoría de nuestros vecinos latinoamericanos. Precisamente porque el modelo ha sido exitoso, ahora estamos en condiciones de abordar desafíos nuevos y más complejos en nuestro camino hacia convertirnos en el primer país desarrollado de América Latina.

Lamentablemente, pese a que los números no mienten, el debate público está escaso de voces que se atrevan a alzarse sobre los tergiversadores lugares comunes autoflagelantes sobre el fracaso del modelo. Ya es hora de sacudirse del letargo y ponerse de pie para defender los incuestionables éxitos del modelo chileno.

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